Iglesia románico-mudéjar del siglo XII, del que sólo queda en estado original uno de los ábsides de la cabecera, ornamentado con cinco arcadas de medio punto en las que se inscriben otras tantas más pequeñas, y parte del muro norte con su puerta románica con arquivoltas decoradas con rosetas e impostas ajedrezadas, que contiene elementos de otros tipos por las continuas reconstrucciones realizadas a lo largo de los siglos, principalmente en el XVI, XVIII y XX.
Gracias a estas reconstrucciones la Iglesia de San Pedro y San Isidoro es un sorprendente compendio de arte religioso, conservando una nave, de las tres originarias, del siglo XII de estilo mudéjar, una capilla mayor de estilo gótico del siglo XVI y una portada neoclásica del siglo XVIII. Todo ello en un mismo espacio y bien acabado.
La reconstrucción del XVI, a mitad del siglo, se debe a que los Vázquez, Cháves y Maldonado, familias nobles mirobrigenses, asumieron los costes de la erección de algunas capillas, una de las cuales fue la mayor, costeada por los Vázquez, que presenta una espectacular bóveda estrellada.
La reconstrucción del XVIII consistió en cubrir con un sencillo pórtico de sillería la puerta sur, probablemente por Ventura Moiños, arquitecto de la Real Academia de San Fernando, que se encontraba en la ciudad participando en la construcción de la Iglesia de la Tercera Orden de San Francisco.
En el interior del templo, en la capilla mayor, un bello Cristo Crucificado, el Cristo del Silencio, de talla barroca y que procesiona en Semana Santa.
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