El Colegio del Arzobispo Fonseca, de los Irlandeses (ya que fue habitado durante el siglo XIX por estudiantes católicos de esa procedencia), o de Santiago el Cebedeo, considerado como una de las mejores obras del Renacimiento español, marcando un hito en la evolución del plateresco salmantino, fue mandado construir en la primera mitad del siglo XVI por Don Alonso de Fonseca y Acevedo, III arzobispo con este nombre, hijo de don Alonso de Fonseca II, patriarca de Alejandría, quién mandó reconstruir el Convento de las Úrsulas, y de doña María de Ulloa, señora de Cambados.
En la construcción de este colegio, uno de los 6 Colegios Mayores con los que contaba España en el siglo XVI, 4 de ellos en la capital charra, intervinieron los mejores arquitectos y escultores españoles, siendo los maestros encargados del trazado Diego de Siloé y Pedro de Ibarra, mientras la dirección de las obras fue llevada a cabo por Juan de Álava. El edificio, cuya construcción se inició en 1519, aunque el Colegio no se fundó hasta 1525, y se terminó en 1578, se distribuye como la mayoría de los Colegios Mayores de la época, a partir de un patio al que se llega a través de un zaguán flanqueado por la capilla a la derecha y el general y la biblioteca a la izquierda.
Portada
La fachada del edificio se levanta sobre un atrio con escaleras y en ella sobresale la portada, la cual destaca por su colorido, por el contraste entres las piedras graníticas grises y la dorada de Villamayor, y por conjunto de los elementos ornamentales que lo componen. Está formada por dos cuerpos sostenidos por columnas jónicas. La riqueza artística se concentra en el superior, en el que una bella ventana aparece flanqueada por los escudos de Fonseca y las imágenes de San Ildefonso, a la izquierda, y San Agustín, a la derecha. Corona esta fachada un gran medallón de Santiago Matamoros realizada por García de Quiñones en el siglo XVII.
Zaguán
Es pieza importante de acceso a la capilla, al patio y al que fue general del colegio, hoy salón-bar de los colegiales residentes. Es de planta cuadrada y en ella destaca la puerta plateresca de acceso a la capilla, en la que resaltan dos medallones de Adán y Eva vestidos, y la bóveda de crucería estrellada que la cubre.
Capilla
La capilla gótica, es una nave con planta en forma de cruz latina que esta cubierta con bóveda estrellada. Intervinieron en ella Juan de Álava, quién la levantó, y Rodrigo Gil de Hontañon, responsable de su ampliación. Solo tiene de gótico los arcos y crucerías, lo demás son asimilaciones romanas. El centro del crucero se eleva a mayor altura, con ventanas y bustos de los evangelistas y Doctores, dentro de medallas, san Juan y José de Arimatea; en el friso corre un letrero dorado con versos de los libros santos que se aplican al fundador y termina con la fecha de 1.549. El retablo del altar mayor, compuesto por pinturas y esculturas, es de Alonso de Berruguete, pieza que enriquece más, si cabe, el interior de este interesante templo y esta datado en 1.529.
Patio
El patio o claustro, uno de los mejores patios de estilo renacentista de España, es obra de Juan de Álava, según trazas de Siloé. Forma un cuadrado de 39 metros de lado con 32 arcadas, ocho por cada lado y 128 medallones. Tiene dos pisos: el inferior con arcos semicirculares y el superior con arcos rebajados, ambos pisos decorados con medallones, que representan una serie de “Uomini Famosi”. La cornisa esta rematada con flameros coronados con amorcillos, que recuerdan a los del Palacio de Monterrey.
Actualmente el Colegio Arzobispo Fonseca, monumento declarado Bien de Interés Cultural en 1931, es una residencia universitaria y cuenta también con salones para actos institucionales y celebraciones con diferentes capacidades
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