La existencia de la Casa Lis, uno de los claros ejemplos de arquitectura de carácter modernista en Salamanca, se debe al industrial salmantino Miguel de Lis, que encargó en 1890 al arquitecto jerezano afincado en Salamanca Joaquín de Vargas Aguirre su construcción.
Esta mansión modernista se construyó a orillas del río Tormes y sobre la antigua muralla de la ciudad. Miguel de Lis, gran enamorado del Art. Nouveau, se quedó prendado de la arquitectura modernista en sus múltiples viajes por Europa donde conoció los cambios artísticos que se gestaron en las Exposiciones Universales en torno al 1900.
Las obras de la Casa Lis se concluyeron en 1905 y se convirtió en la residencia familiar. A la muerte de Miguel de Lis la familia tuvo que vender la casa, siendo adquirida por el Rector Esperabé, habitándola hasta después de la Guerra Civil. Durante un tiempo la casa fue habitada por numerosas personas relacionadas con la Universidad, entre otros propietarios, hasta que llegó a quedar totalmente abandonada. El Ayuntamiento de Salamanca expropió La Casa Lis debido a su estado de inminente ruina y la reformó asignándole funciones culturales que posibilitó que años más tarde se convirtiera en el Museo de Art Nouveau y Art Déco, donde se encuentra las colecciones de Manuel Ramos Andrade.
El palacete es de doble piso y tiene dos fachadas muy diversas, acordes a la catedral y al río. La fachada norte, la entrada habitual de la vivienda, hoy del museo, Calle del Expolio 14, es la que conserva la mayor pureza modernista y la decoración, tanto de los dos cuerpos de la fachada como de la verja que rodea el patio, es muy sencilla. Está realizada en ladrillo y piedra, con una puerta de madera, formada por un arco bajo, adornada con motivos florales y acuáticos. La fachada sur, que da al río Tormes, despierta gran interés debido a su espectacularidad, destacando la articulación de la galería de hierro y cristal con la robustez del muro de piedra. No es menos espectacular la escalinata imperial, necesaria para salvar la irregularidad del terreno. 
En el centro del muro se encuentra un gran arco de medio punto, simulando una cueva artificial donde se encuentra una escultura de Afrodita.
Dentro del edificio destaca el gran patio central, en su construcción inicial era un espacio abierto, que con la reforma efectuada por el Ayuntamiento se cerró con una espectacular vidriera emplomada del maestro vidriero catalán Juan Villaplana, siguiendo un diseño de Manuel Ramos Andrade.
Las vidrieras, tanto exteriores como interiores, conceden al interior de la casa una gran riqueza de colorido y luminosidad, que no tenía el edificio en la época en la que fue construido.
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