La Alberca, uno de los municipios más tradicionales y con mayor encanto de nuestro país, tiene como mayor atractivo su bien conservada arquitectura popular, con todas las características de la tipología serrana que define su fisonomía: estrechas y empedradas calles, frías en invierno y refrescantes en verano, y sus casas tradicionales, que se han mantenido inalterables durante siglos, hechas de granito y de piedra, con sus vigas de madera vista.
Pasear sin prisa por sus pequeñas y estrechas callejuelas cerradas a la luz y al sol, mientras se escucha el rumor del agua cristalina golpeando sobre las pilas de sus fuentes, visitar y contemplar el encanto de los rincones de sus plazuelas, permite al visitante constatar como La Alberca ha mantenido su identidad cultural a lo largo de los siglos, habiendo preservado los elementos esenciales de su rico patrimonio urbano.
Son muchos los intereses arquitectónicos e históricos de los que podemos disfrutar en el interior de las laberínticas calles de La Alberca
La tradicional casa albercana
Estas casas se dividen generalmente en tres plantas y bajocubierta o sobrado. La planta baja de la fachada está construida con muros de mampostería de piedra, que, generalmente, lleva esquinas de sillería y huecos reforzados con grandes piedras y las dos superiores en entramado de madera, normalmente de castaño, dispuestos en paralelo y en diagonal, con forjado de lajas de granito de la zona y posterior encalado, la mayoría de las veces, de barro cocido.
Cada una de las plantas superiores va sobresaliendo sobre la inferior, en la que se asienta hasta llegar casi a tocarse los aleros de los tejados de las casas que se hallan frente a frente, lo que hace que en las calles se produzca un milagroso juego de luces y sombras.
Antiguamente, la planta baja servía de cuadra para los animales y las habitaciones estaban en el primer piso. En el segundo piso estaba la cocina a la que da un balcón o corredor de significativo nombre, la “Solana” siempre orientado a Sur y si no es posible a Este. El desván lo usaban para curar y secar la carne, el queso y los embutidos (jamones, chorizos y cerdo). Los techos tienen un agujero, para que el humo de la cocina pueda subir y salir.
En las fachadas de las casas se observan dinteles cincelados con su fecha de construcción -siglos XVII y XVIII-, y que generalmente va acompañada de inscripciones, signos y anagramas religiosos, ya que la zona fue refugio para los judíos conversos, que demostraban la autenticidad de su conversión ante la comunidad y la vigilancia inquisitorial.

La Plaza Mayor
Lugar donde desembocan las estrechas calles, eje central de la localidad, es un armonioso conjunto porticado en tres de sus lados. Está compuesta por edificios con dos series de balcones, llenas de flores y plantas en primavera y verano, con soportales de columnas de granito. La plaza tiene un crucero de granito con todos los símbolos de la Pasión, en un lado el Crucificado y en otro la Virgen. Todo el conjunto de la plaza es fruto de una arquitectura popular que se ha mantenido inalterable durante siglos.
El ayuntamiento de la localidad se encuentra en medio de la Plaza Mayor, destacando su balcón emblemático, entre las fachadas similares. En la planta baja se localizaba la antigua cárcel, de la que se conserva una reja cerrando el acceso a una puerta, sobre cuyo dintel se puede observar un azulejo que dice “Cárcel pública”. Sobre el balcón, permanece una inscripción de la visita de Alfonso XIII al pueblo de La Alberca en 1922.

Iglesia de Ntra. Señora de la Asunción
Fue construida en el siglo XVIII, según un modelo neoclásico por el arquitecto Manuel de Larra Churriguera, y conserva cierto aire rústico. La estructura actual ha tomado la base de otra anterior. Tiene dos portadas, un campanario y planta de tres naves separadas por pilares cuadrados y arcos de medio punto. Destaca el púlpito de granito policromado, del siglo XVI, donde aparecen esculpidos los cuatro evangelistas, y la talla del Cristo del Sudor, obra vallisoletana también del XVI.
Su gran torre, construida unos doscientos años antes que la iglesia actual, fue costeada por los Álvarez de Toledo, señores de esta villa, los primeros Duques de Alba, y tiene su escudo de armas esculpido en un ángulo de la misma.

En los muros de la Iglesia, en la fachada posterior podemos observar una hornacina, que la iluminan unas lámparas de aceite y dentro de ella dos calaveras…, dedicada a las ánimas benditas.

Durante Julio, Agosto, Septiembre y Octubre el templo abrirá las puertas a los turistas, de Martes a Domingo con horario de mañana y tarde.
Monumento al marrano de San Antón
Monumento que rinde homenaje a una tradición de La Alberca de origen medieval que recuerda al pueblo judío converso, y consiste en que se suelta un cerdo cada año por las calles del pueblo que es engordado hasta el 17 de enero por los habitantes y turistas.

Ermitas
La Alberca cuenta dentro de su casco urbano con tres ermitas: La ermita de San Antonio, ermita del Humilladero y la ermita de San Blas, antiguamente conocida como la de Los Santos Mártires. Esta ermita hasta no hace muchos años era el cementerio del pueblo, con su centenario ciprés al lado, es lugar de encuentro para fiestas como el Día del pendón.

Escudos
En diversas casas del pueblo puede contemplarse diversos escudos labrados sobre la más recia piedra granítica, que revelan la grandeza, majestuosidad y relevancia de la localidad en siglos pasados, como lo demuestran los escudos pertenecientes a la Inquisición, el escudo de Santiago, el escudo Carmelita, escudos Pontificales y Escudos Dominicos con llaves de San Pedro.

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