La iglesia conventual de la Purísima Concepción de Salamanca, de marcado estilo barroco, con planta de cruz latina, capillas a los lados y bóveda de medio cañón, es otra aportación de la familia Fonseca a la ciudad de Salamanca, concretamente fue mandado construir por el conde de Monterrey, Don Manuel de Fonseca y Zúñiga, como panteón familiar y convento para el retiro de su hija.
El motivo por el cual Don Manuel de Fonseca y Zúñiga VI Conde de Monterrey mandó construir tal templo, a parte de como panteón familiar, se debió a que el convento de la orden a la que pertenecía una de sus hijas, el convento de San Roque, situado en el arrabal y lugar donde se asentaron las Agustinas de Salamanca en 1591, quedó totalmente destruido después de la riada de San Policarpo en 1626, como media ciudad, por lo cual decidió donar los terrenos que se situaban frente a su palacio, el Palacio de Monterrey, para que construyeran un nuevo convento.
Pero las Agustinas no sólo cambiaron de lugar, sino que uno de los requisitos que impuso el Conde de Monterrey fuera que la orden se pasase de llamarse Agustinas de San Roque a Agustinas de la Purísima Concepción.
La construcción de la iglesia se inició en 1636 y fueron finalizadas en el 1687, por lo cual las monjas estuvieron alojadas en el Palacio de. Conde durante todo este tiempo.
La iglesia realizada según los cánones del renacimiento pero con elementos barrocos es de clara influencia italiana, salvo la cúpula, ya que la original se desplomó en 1657 y fue reconstruida en 1675 por Antonio de Carassa bajo un proyecto del agustino Fray Lorenzo de San Nicolas, debido a que Don Manual de Fonseca y Zúñiga, VI Conde de Monterrey, era virrey de Nápoles cuando ordenó construirla, para lo cual contrató los servicios de los italianos Bartolomeo Picchiatti, arquitectura, y Cosimo Fangazo, tallado de mármol, y Curcio Zacarela, quien dirigió la obra, concediendo así al conjunto cierto aire italiano. También intervinieron los españoles Juan Gómez de Mora, Francisco de la Hoya y Antonio de Carassa, entre otros.
Pero no sólo se contrató los servicios de los italianos para realizar la obra, sino que se trajeron de Italia bastantes materiales para realizar la construcción, algunos ya labrados.
Del templo, de una sola nave con bóveda de cañón, planta de cruz latina, capilla mayor rectangular a cuyos lados se sitúan el coro y el relicario, capillas laterales en los contrafuertes y una tribuna a los pies, con crucero rematado por una cúpula sobre pechinas con tambor y linterna obra de Juan de Setién Güermes, destaca la fachada-pórtico en la que se combinan los mármoles italianos con la piedra arenisca de Salamanca, rematada por un frontón triangular al estilo de Vignola, donde se puede apreciar la inscripción fundacional entre pilastras de capiteles jónicos.
La austeridad del exterior de la iglesia se anima con el interior, en donde destaca el púlpito realizado con bellísimos mármoles de Carrara y los retablos de Fanzago, así como las estatuas de los condes, obra de Giuliano Finelli. Como pinturas destacan los cuadros Reni, Lanfranco, Stanzione y Bassano entre otros, ya que el conde de Monterrey era uno de los más importantes mecenas y coleccionistas de pintura en la España del siglo XVII, de ahí que se rodease de importantes obras de arte. Pero la pintura que más destaca es la que preside la capilla mayor, un gran lienzo de la Inmaculada o Purísima Concepción, que por su genial y bella composición está considerado como una de las mejores pinturas marianas de siglo XVII, cuyo autor es el valenciano José de Ribera. Del mismo autor son el San Genaro, San Agustín, La Natividad y la Piedad de la parte superior del retablo.
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